Al caminar por cualquier supermercado en Panamá o el extranjero, es común ver pequeñas etiquetas adhesivas en frutas y verduras. Detrás de esos números —conocidos como códigos PLU (Price Look-Up)— hay información valiosa sobre el origen y el tipo de cultivo de esos alimentos. Estos códigos no solo ayudan a los cajeros a facturar, sino que también permiten a los consumidores tomar decisiones informadas sobre lo que comen.
Los códigos PLU siguen un estándar internacional administrado por el International Federation for Produce Standards (IFPS). Existen tres categorías principales:
🔹 Códigos de 4 dígitos (por ejemplo, 4011): indican que el producto es convencional, es decir, cultivado con uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos, según las prácticas agrícolas tradicionales.
🔹 Códigos de 5 dígitos que comienzan con 9 (por ejemplo, 94011): señalan que el alimento es orgánico, certificado bajo normas que prohíben el uso de químicos sintéticos y organismos modificados genéticamente.
🔹 Códigos de 5 dígitos que comienzan con 8 (por ejemplo, 84011): originalmente designaban productos transgénicos (OGM). Sin embargo, esta práctica ha caído en desuso en muchos países, incluido Estados Unidos, debido a la falta de adopción generalizada y al rechazo del consumidor. Hoy en día, los productos transgénicos rara vez llevan esta etiqueta, y muchos productores prefieren no identificarlos explícitamente.
¿Por qué es esto relevante para el periodismo? Porque en una era de greenwashing —cuando empresas promueven falsamente sus productos como “ecológicos” o “naturales”—, los periodistas tienen la responsabilidad de verificar las afirmaciones publicitarias y educar a la audiencia. Un simple código PLU puede confirmar o desmentir si una manzana es realmente orgánica, o si un “producto libre de químicos” en realidad no lo es.
Además, los futuros periodistas deben fomentar la alfabetización alimentaria como parte del servicio público. Saber leer los PLU empodera a los consumidores, especialmente en contextos donde el etiquetado es confuso o engañoso. En Panamá, donde la regulación sobre alimentos orgánicos aún se fortalece, esta labor informativa es aún más crítica.
Como periodistas, no basta con compartir titulares virales; debemos ofrecer herramientas prácticas que mejoren la calidad de vida de la ciudadanía. Y a veces, esa herramienta está pegada a una banana.
Bibliografía :
International Federation for Produce Standards (IFPS). (2024). What are PLU codes? https://www.ifpsglobal.com/PLU-Codes/What-are-PLU-Codes
Organic Trade Association. (2023). Understanding organic labels and PLU codes. https://ota.com/organic-101/labels
Ministerio de Desarrollo Agropecuario de Panamá (MIDA). (2025). Normas para la certificación de productos orgánicos en Panamá. https://www.mida.gob.pa/produccion-organica
Reflexión personal:
Cuando publiqué una versión previa de este contenido en redes sociales durante el Taller #3, la reacción de mi audiencia fue reveladora. Muchos comentaron con sorpresa al enterarse de que el código 94011 no es un número al azar, sino la clave que certifica que una manzana es orgánica. Varios usuarios compartieron que “nunca se habían fijado” en esas etiquetas, y otros admitieron que creían que “todo lo que decía ‘natural’ era orgánico”. Esta experiencia reforzó mi convicción de que el periodismo no solo informa, sino que educa. En un entorno saturado de rótulos engañosos y publicidad emocional, el periodista tiene la oportunidad —y la obligación— de aportar claridad, contexto y herramientas prácticas. La alfabetización mediática debe ir de la mano con la alfabetización cotidiana: saber qué comemos es tan importante como saber qué leemos. Este tipo de contenido, aparentemente simple, tiene un impacto directo en la salud, el consumo consciente y la confianza del público en los medios. Como futuros periodistas, debemos aprovechar ese poder.

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